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    <title>Lorito: RSS</title>
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    <description>Discos</description>
    <language>en-us</language>
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      <title><![CDATA[Wagonwheel Blues]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/270/disco</link>
      <description><![CDATA[El cantautor ilerdense Xavier Baró me comentó hace un par de años que habría sido interesante escuchar qué habría pasado si Bob Dylan hubiera grabado con Television en 1977. Que ese era, en realidad, su gran disco perdido. Un menú más sabroso, decía, que lo que grabó con The Band en 1967. Como ocurre con los platos de mar y montaña, en el contraste de mundos habría estado la fuerza del sabor. Desde Filadelfia, The War On Drugs dan la razón a Baró. Porque en su magnífico debut esta banda suena como si Dylan se hubiera puesto al frente de The Jesus And Mary Chain. Un universo sónico diferente. En estos surcos los contrastes no se susurran, se gritan y escupen: riffs de The Velvet Underground tocados desde el mástil de Stone Roses, Phil Spector dirigiendo al servicio del Ejército de Salvación (con Brian Eno de supervisor), el bajo de Joy Division dentro de la E Street Band, Spacemen 3 jugando al funk con Happy Mondays… Además, The War On Drugs no solo se muestran como unos maestros del “soundwriting”, también tienen canciones que ofrecer a las listas de lo mejor del año: “Taking To The Farm”, “Arms Like Boulders”, “A Needle In Your Eye # 16”, “Show Me The Coast” (dura más de diez minutos y no se hace larga)… Apabullante. Uno de los trofeos de 2008.]]></description>
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      <title><![CDATA[Conor Oberst]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/269/disco</link>
      <description><![CDATA[Reza el tópico del rock de carretera que puedes correr, pero no esconderte. Muchas veces, en muchos discos, ha dado la sensación de que a quienes se han puesto ese eslogan en la solapa no les preocupaba esa verdad: qué más da si los viajes te sirven para huir de casa pero no de ti, ¡si lo que realmente nos importa es el viaje! Conor Oberst puede grabar en solitario como si huyera de Bright Eyes, y hasta hacerlo en México (como ha ocurrido con este álbum) con una formación bautizada como Mystic Valley Band, buscando sonar viejo (¿el Johnny Cash del indie?) para quitarse de encima la etiqueta de Peter Pan que se relame heridas… No importa, porque ni así su folk-rock introspectivo –aquí, bastante cerca del manual country– logra zafarse del Dylan sin anfetaminas (en “Get-Well-Cards”, sobre todo) y del Neil Young de “Comes A Time”. 

¿Le importa que aunque corra no pueda esconderse? Pues no lo parece. Porque se le nota feliz. A pesar de ese temblor que acompaña a su música y sus letras y de la sombra de la muerte, esa presencia tan constante en su obra… Insisto: en este disco anda feliz. Más que nunca. Ya sea dando las gracias a un tratamiento de hierbas contra la cirrosis en “Milk Thistle”, o afirmando en “Moab” que no hay nada que la carretera no pueda curar, con esa capacidad suya de persuasión con la que ha seducido en los tres últimos lustros a la atormentada psique de la juventud estadounidense. ]]></description>
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      <title><![CDATA[En ningún lugar]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/268/disco</link>
      <description><![CDATA[Variedad geográfica: Madrid, Barcelona, León y Bilbao. Cada uno (o una) de una madre. Tres chicas –entre ellas, una ex Electrobikinis- y un chico. Melodías aceleradas y fuertes, a las que no les falta ni sobra un coro. Guitarras y teclados, mano a mano. Ecos sixties. Power pop y twee. Que la resistencia mod se suba a este carro. Sabor a Redd Kross por un lado, también al sello Kill Rock Stars –facción chisposa- por el otro, pero expresado en castellano, idioma al que se han pasado dejando atrás el inglés de su primer largo. También asoma el guitarreo soleado australiano. Como todos los citados, The Charades muestran tino para el himno generacional que se pega a la solapa. Pasa en el tema titular, con esa ligereza tan adhesiva en música y letra (tocando bien la fibra confesional: esta noche ella no dirá que no). Con un punto en el estribillo que recuerda a la canción “A cualquier otra parte” de Dorian. Un “comepistas”. Pero pasa más aún con la canción que le sucede, “Rozando la suerte”. En plan Los Planetas. Aquí hay madera. ]]></description>
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      <title><![CDATA[Distortion]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/267/disco</link>
      <description><![CDATA[Con “69 Love Songs” (1999) Stephin Merritt se puso el listón demasiado alto. Desde entonces se le mide por ese rasero y siempre sale perdiendo. “Distortion” no salta por encima de aquello, desde luego, pero tampoco se queda tan lejos como su inconsistente predecesor “i” (2004). El neoyorquino se ha apoyado en la producción para identificar al álbum. Porque suena como un homenaje al “Psychochandy” de  The Jesus And Mary Chain, con el piano y las guitarras reverberando y una resonancia en el ambiente que parece decirnos que esto ha sido grabado en una casa vacía. Hay como un ruido distante que va hilvanando estas trece canciones de pop azucarado enterrado en campos de feedback. Durante la mayor parte del tiempo la grabación y su concepto se sostienen, aunque a veces dé la sensación de que más a pesar de la producción que gracias a ella. Para apuntalar el edificio Merritt se ayuda de las letras –con las que vuelve a estar brillante-: inteligentes, divertidas y depresivas, todo en el mismo saco.]]></description>
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      <title><![CDATA[Women As Lovers]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/266/disco</link>
      <description><![CDATA[En este caso, decir que el grupo ha hecho su disco más accesible no equivale a decir el más aburrido. Al contrario, todo fluye aquí con ton y son, desde el delicado post-punk inicial de “I Do What I Want, When I Want”. Una lucha excitante entre lo viejo (harmonio, guitarras acústicas, ¡gongs!) y lo nuevo (disonancias, feedback, el saxo girado del revés). Con Jamie Stewart bordándolo en su rol de David Bowie distorsionado –salvo en la versión de “Under Pressure”, en la que cede esa función a Michael Gira y él se queda el papel de Freddie Mercury: momentazo-. Y aunque se fuerza algo la poesía epiléptica (como en ese verso: “ríete de tu hijo, un niño no es nada sin odio”) y la segunda parte del disco palidezca un pelín ante la exhibición de la primera, el tren de sus revelaciones epilépticas no descarrila. A partir de ahora ya es posible imaginarse cómo habría sonado un disco de The Smiths agitándose en la misma batidora con orquestaciones atonales y jazz libre generado por ordenador. Si te cuesta imaginar eso sobre el papel, te resultará sencillo y bien atractivo hacerlo escuchando este disco; con paciencia, ráscale la superficie y flipa con sus melodías celestiales.]]></description>
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      <title><![CDATA[Dwight Sings Buck]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/265/disco</link>
      <description><![CDATA[Nadie en su sano juicio country pondrá en duda que Dwight Yoakam es un estupendo candidato al trono de Buck Owens, el hombre que mandaba en el "Bakersfield sound". Y que lo es por cualidades y por calidades. Con este disco de homenaje él mismo subraya esa evidencia. Sin salirse de los raíles, con buenos o más que buenos acabados y manteniendo su voz en ese punto de excelencia por el que parece que no pasen los años –y que te hace creer que fue ayer cuando saltó al ruedo discográfico con “Guitars, Cadillacs, Etc., Etc.” (1986), pero no fue ayer-. La selección de temas también ha ido a tiro fijo: ocho de estas 15 canciones llegaron a lo más alto de las listas del género vaquero entre 1956 y 1967. Otra cosa es preguntarse por la idoneidad de este álbum en este punto de la carrera de Yoakam. Si lo que necesitaba era corroborar lo que todo el mundo que le sigue ya conocía, o hacerlo de esta manera tan previsible. Opino que no. Mientras que Steve Earle y k.d. lang, compañeros suyos del mismo curso de rebeldes del country, se la juegan y se la han jugado, él continúa repitiendo menú.]]></description>
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      <title><![CDATA[Rain]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/264/disco</link>
      <description><![CDATA[No estamos ante un álbum que vaya a reportar a Joe Jackson demasiado crédito. La fórmula elegida para esta grabación (piano, bajo y batería, más su voz, que en varias ocasiones apuesta por el falsete) no acaba de echar chispas, sobre todo por el lastre de unas insulsas baladas a medio tiempo que ocupan demasiado espacio. Bueno, en general casi todos los temas ocupan demasiado espacio: quitarles un minuto, y en algún caso hasta dos, habría eliminado hojarasca y sensación de monotonía. Como estas diez canciones duran tres cuartos de hora nos dan pie al paralelismo futbolero: es como pasarse media parte de un partido viendo a los dos equipos especulando con el balón en el centro del campo y sólo puntualmente abrir el juego por las bandas con intención vertical. Esos momentos en los que Joe se lanza al ataque son “Citizen Sane” y, sobre todo, “King Pleasure Time”, que muestran su nervio. Entre las piezas tranquilas, es “Solo (So Low)” la que luce arreglos más logrados y una carga de profundidad acorde con su duración (casi seis minutos). Balance insuficiente.]]></description>
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      <title><![CDATA[Watershed]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/263/disco</link>
      <description><![CDATA[El mensaje autocrítico, la reflexión zen y esa suave caricia que recorre la espina dorsal de este disco: eso es lo que necesita Amy Winehouse para no irse con Janis Joplin en cualquier momento. Una rehabilitación de la conciencia. La canadiense k.d. lang nunca ha naufragado como la británica y en sus coqueteos con la fama y el ritual de los focos –aquellos inicios de los noventa, cuando su militancia lesbiana- siempre ha dado la sensación de que las riendas las llevaba ella. Pero la procesión suele ir por dentro y parece que, en algún momento, no todo fue tan de color rosa. En “Watershed” se nos explica. Con envoltura de pop adulto tranquilo y acabados de jazz de salón. La ex Patsy Cline del country alternativo se mueve como un pez por las aguas de estas canciones tranquilas dirigidas a un público sin prisas y con ganas de preguntarse de dónde viene y adónde va. Es pop de clase media, que no apela al instinto de supervivencia y placer sino, más bien, a ese meollo filosófico hacia el que te diriges cuando cruzas el ecuador de la vida y, aunque tu bolsillo goce de relativa buena salud, te preguntas si vas por un camino que te colma.]]></description>
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      <title><![CDATA[Coser i cantar]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/262/disco</link>
      <description><![CDATA[¿Era esto necesario? En vista del resultado, no lo era. El grupo mallorquín se fue a Bratislava para grabar con la orquesta sinfónica de aquella ciudad eslovaca veinte piezas de su repertorio. Bueno, hay que reconocer que es una opción más artística que publicar un “grandes éxitos” a pelo. Pero la maniobra se ha resuelto con irregularidad. El toque lunático y naíf de la mayoría de originales se diluye, la aportación de la orquesta se queda en la capa de barniz y no se explota hasta las últimas consecuencias. Lo que no suena a quiero y no puedo lo hace a puedo y no quiero. Nubarrones conceptuales que no logran impedir que el brillo de composiciones tan redondas como “Dins aquest iglú”, “Alegria” y “Vos estim a tots igual” atraviese la capa de arreglos y desarreglos. Pero la sensación forzada sólo desaparece en contados momentos. El doble CD se acompaña de un DVD con cinco videoclips y un documental sobre la grabación. Pesa más el despliegue formal que lo conseguido. Les pido que dejen que se les vaya la olla en su próximo álbum de estudio.]]></description>
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      <title><![CDATA[Jukebox]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/261/disco</link>
      <description><![CDATA[Segundo disco de versiones, tras “The Covers Album” (2000), con Chan Marshall desapareciendo en composiciones ajenas que, casi todas, hablan de gente que desaparece, de una manera u otra. Sólo dos piezas son suyas –una recuperada “Metal Heart” y la inédita “Song To Bobby”, dedicada a Bob Dylan- y en ese par, además de desnudarse con la voz, enseña también su personalidad, tanto la vieja como la nueva. O como pasar de aquella autodestrucción a esta convicción cálida, que la reconforta. La convicción, sí, el rasgo que diferencia a Dylan de sus imitadores. El mismo que marca la frontera entre esta Chan que flota y la que años atrás se hundía y retorcía dentro de sus revelaciones. He citado antes a Dylan: su “I Believe In You” es uno de los doce temas que aquí se versionan. Él la cantaba para hablar de su fe en Dios, ella se la está dedicando a sí misma. ¿Dónde están ahora tus miedos, gata sureña, adónde los enviaste? Se hace acompañar, en plan bastante minimalista, por el humo gótico y el groove sedoso de la Dirty Blues Band –dos partes de Dirty Three y una de Blues Explosion-, que va filtrando piezas que dieron a conocer Joni Mitchell, Billie Holiday, Frank Sinatra, Hank Williams y James Brown. Para Chan es tiempo de creer.]]></description>
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