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    <title>Lorito: RSS</title>
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    <description>Canciones</description>
    <language>en-us</language>
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      <title><![CDATA[How Can You Mend A Broken Heart?]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/106/cancion</link>
      <description><![CDATA[Corre por ahí una frase publicitaria que dice que una cuando Al Green versiona una canción, esa es la toma definitiva. Ya no hay manera de superarla. No voy a jugar a las hipérboles, porque soy una señorita mesurada, pero sí es verdad que cuando una escucha a este tremendo “soulman” cantar temas como “I Want To Hold Your Hand” de The Beatles o “Oh, Pretty Woman” de Roy Orbison se queda con la boca abierta. Cómo hace que muevan la cintura esos temas. Cómo les mete frenesí ralentizándolos (aparentemente). Dentro de esa lista hay que incluir a “How Can You Mend a Broken Heart”, de The Bee Gees. Sus autores la incluyeron en su álbum “Trafalgar” (1971). Es un buen tema y les llevó al número 1 en Estados Unidos, pero si se escucha lo que al año siguiente hizo Al Green con él (lo incluyó en su disco “Let's Stay Together”) se te caen los huevos, o los pezones, al suelo. No es extraño que después haya aparecido en varias bandas sonoras. Tiene ese punto de quietud de las baladas soul más grandes que la vida, que diría un compatriota suyo, ese que logra paralizar la gran pantalla. Es como si el mundo entero se hubiera parado a escucharlo mientras la canta, con la batería marcando un tempo que se queda corto pero, ay, siempre llega a tiempo, y vuelta a empezar, y con los violines por detrás llorando y la voz de Al por delante, doliéndose y doliéndose, haciéndose preguntas sin respuesta (“¿cómo puedes conseguir que la lluvia deje de caer, que el sol deje de brillar? ¿qué hace que el mundo gire?”) hasta llegar a la que realmente le importa: “¿Cómo se puede reparar un corazón roto?”. Una balada, en su voz, tan grande como, sin miedo a equivocarme, “Try A Little Tenderness” en la de Otis Redding.
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      <title><![CDATA[Con un beso me bastó]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/105/cancion</link>
      <description><![CDATA[Como ha dicho esta semana la ex ministra de Vivienda, hay que repensar España. La organización territorial, la democracia partidaria, las instituciones, los servicios públicos, ¡las subvenciones!... Lo pienso (lo repienso) mientras escucho a Nacho Vegas y Manel interpretar “Con un beso me bastó”, de The Wave Pictures. Porque un asturiano y unos catalanes pueden entenderse en castellano... con la misma facilidad que el otro día escuché a Christina Rosenviinge interpretar en catalán un tema de los barceloneses Refree (que son, en esencia, Raül Fernández y sus circunstancias). Son pequeños gestos, de apariencia insignificante, que pueden funcionar como los besos que refiere la letra de esta canción, capaces de dormir al hipnotizador y de por fin matar a la bruja sin hacer daño a nadie más. Besos rápidos, que ganan en velocidad incluso Juanita Calamidad. Un bucle de folk-rock en busca de los cánticos de hermandad que celebran que, hoy sí, aquí sí, pierden los malos. Esta versión está incluida en el disco “Día de la Música Heineken 2010”, evento que se celebra en Madrid el 20 y el 21 de junio.]]></description>
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      <title><![CDATA[Crazy Car]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/104/cancion</link>
      <description><![CDATA[Anda la blogosfera revuelta con la islandesa Ólöf Arnalds, la última revelación del indie folk. Tiene mucho que ver con todo esto una cosa. Bueno, dos. La primera, que es buenísima. Y no solo en el estudio, que también, además en directo: un derroche de encanto angelical y espontaneidad que te deja boquiabierta. Doy fe. La segunda, que en su próximo disco, “Innundir Skinni”, el segundo tras “Vid Og Vid” (2007), hay una canción en la que suena la voz de una de sus mayores fans: su compatriota Björk. Y eso siempre despierta interés. Pero de esa canción, “Surrender”, no va este artículo. Ya leerás por ahí de ella, evidentemente. Hoy prefiero escribir de “Crazy Car”. Me ha enganchado. Escuchas a Ólof, una guitarra (la toca de maravilla) y doblándole la voz está David Johansson, su principal colaborador. Ambiente en calma. Encanto extremo. Advertencias tranquilas: no entres en el coche loco. ¿El coche loco? Sí, una metáfora sobre perder la cabeza. La historia es la que sigue: nuestra mujer quería comprarse un auto el año pasado, pero tenía poco dinero. Leyó un anuncio sobre uno muy barato y se lo comentó a una amiga. Fue a verlo: pura basura. El coche parecía que estaba loco cuando lo conducías. Una amiga de ambas estaba viviendo en Nueva York y andaba perdiendo la cabeza. Le dijeron: “Regresa a Islandia, quedarse en Nueva York es como meterse en el coche loco”. Pero no funcionó y la amiga siguió entre los rascacielos. Igual cuando escuche la canción cambia de pensamiento. Es preciosa. Como si de repente te toparas con un clásico oculto de Vashti Bunyan que andase perdido en un baúl olvidado.
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      <title><![CDATA[It Rains On Me]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/103/cancion</link>
      <description><![CDATA[La cantan a dos voces, que parecen las de un par de vagabundos pasando la noche en un tren abandonado. Encima, están en un vagón que, ay, tiene una gotera en el techo. Y empieza a llover. Este par de 'hobos' son Chuck E. Weiss y Tom Waits; este último también se encargó de producir a su amigo el disco que incluye este tema, “Extremely Cool”. Con la percusión sonando como si golpeasen con fuerza gastada bidones de gasolina vacíos, ambos aúllan en plan gospel, apoyándose en esa herramienta de hermandad que es la llamada y la respuesta, tan común en ese género. Una guitarra va punteando la melodía por detrás, con discreción, que tampoco se trata de molestar a quienes cantan, que tras un duro día rebuscando en papeleras disfrutan de la digestión del pan duro a la luz de la luna. Sí, claro, sabemos que no es así, que están interpretando, que ellos, Weiss y Waits, comen caliente, pero fantaseamos con la vida de tantos, cada vez más, a quienes vemos elegir el menú de su cena en contenedores de las ciudades. ]]></description>
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      <title><![CDATA[No Such Pain As Love]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/102/cancion</link>
      <description><![CDATA[Ocurrió la semana pasada en el concierto que dio Randy Newman en Badalona, en el marco del festival Blues i Ritmes. Dentro de una actuación de tintes extraordinarios hubo un momento especialmente emotivo. Fue cuando interpretó el tema “I Miss You”, cuya sencilla letra supo convertir en un motor de añoranza que nos llevó muy lejos, por dentro, a los allí presentes. El eterno problema de no saber qué se tiene hasta que se pierde. Willy DeVille tiene varias de esas. Hoy me apetece recordar la que en 1995 publicó con el título de “No Such Pain As Love”, que abría su disco “Loup Garou”. Suena como si sus botas estuvieran haciendo una pequeña incursión en el country, para pellizcar así algo de la gravedad confesional de este (cuando está bien hecho) y otorgarse una patina extra de credibilidad. La maniobra funciona, porque esta oda al te echo de menos, me acuerdo tanto de ti mientras vago en soledad, fui tan tonto al perderte que no tengo perdón, etcétera, en vez de caer en la autocompasión y provocar en el oyente reacciones del tipo 'pues jódete' y 'ojalá no levantes cabeza, cabrón', te obliga, como el “I Miss You” de Newman, a revisar tu biografía y a ponerte en ese lugar que ¡quién no lo ha visitado! (salvo que, en lugar de a vivir, se limite a seguir vivo). Muy convincente canción, sí.]]></description>
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      <title><![CDATA[Bring Me A Heart Again]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/101/cancion</link>
      <description><![CDATA[Está por encima del tópico rockero del superviviente maduro y con las canas bien repeinadas que vive de los réditos del pasado. Porque el veterano Graham Parker, británico exiliado en Estados Unidos por cosas de la vida –si saliera de su país de acogida podría tener problemas para entrar luego de nuevo en la tierra de Obama, debido a su pasado con la justicia, así que de allí no se mueve-, lleva este siglo varios discos demostrando que lo suyo sigue siendo poner la carne de la inspiración en el asador. Tras “Don’t Tell Columbus” (2007) llega ahora “Imaginary Television” y el listón se mantiene igual de alto, esta vez a costa de retratar con su acidez habitual el mundo de la caja tonta. Fantasea este disco con canciones que, se supone, podrían servir de sintonía para series imaginarias, una ironía conceptual de Parker para poner en la picota a las que solemos escuchar saliendo de ese electrodoméstico tan poderoso llamado televisión, y que, según el británico, “son elegidas por idiotas”. El tema que nos ocupa, “Bring My Heart Again”, se coge de la mano de un swing trotón y de una voz rasposa que habla casi en plan confidencial, muy cerca de la cara más tranquila del Bob Dylan de “Love And Theft” (de ahí la foto de ambos que ilustra este texto). De aliño, un acordeón por la retaguardia. Juguemos a imaginar: sonaría perfecta para dar la entrada y salida a una ‘sitcom’ sobre un divorciado ya con la calva incipiente que capítulo tras capítulo soñara con una nueva media naranja, mientras sus tres hijas adolescentes le hacen la vida imposible y sus compañeros de oficina se la pintan de gris. Suerte que los jueves ensaya con su banda de jazz y los sábados tocan en una discoteca, sin cobrar pero con la cena pagada.


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      <title><![CDATA[Me estás atrapando otra vez]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/100/cancion</link>
      <description><![CDATA[Ejemplar ambigüedad. Disfrazada de balada con subidón de soul melenudo y uno de esos guiones en plan ‘chica, no puedo vivir sin ti’, esta canción retrata el tema de la dependencia y de la adicción con frases que dan en el centro de la diana del tópico sobre la mujer fatal. Ángel maldito, la dama más cruel, arma de doble filo. Especiada, además, con ese punto de poética rockera tan quedón que Andrés Calamaro tan bien borda cuando anda inspirado: “Después me subo a tu coche y dejo pasar la vida”. Buena imagen nocturna. Pero si se le da la vuelta a esta tortilla y uno sustituye a la señora en cuestión por la cocaína, zas, de repente se hace la luz. No es una historia de corazones la que nos están contando, no es un hombre abandonado quien se pone a lanzar lamentos, sino alguien que anda de bajón y asume que esnifar va a seguir siendo uno de sus deportes favoritos, le guste o no le guste. Te extraño cuando llega la noche, pero te odio de día, asume el pobre tipo. Y ahí, dentro de ese bucle y sin encontrar la puerta de la salida de emergencia, dibuja su círculo. “I’m just a man and I ain’t got no plans” es lo último que se le escucha.]]></description>
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      <title><![CDATA[Big City (Everybody I Know Can Be Found Here)]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/99/cancion</link>
      <description><![CDATA[Cuando comenzaba la década de los 90 una de las bandas más influyentes, relevantes y singulares de los 80, Spacemen 3, se separaba para siempre y dejaba tras de sí un reguero de tremendas composiciones, en las que las drogas se utilizaban como motor de inducción. “Big City (Everybody I Know Can Be Found Here)” se convertía así en el último gran single fruto de la síntesis de ideas entre Jason Pierce (aka J Spaceman) y Pete Kember (aka Sonic Boom). Era su himno imperecedero por antonomasia, el que reunía todas y cada una de las características de su sonido: sintetizadores chorreantes, guitarras retocadas al mínimo detalle con una hilera de pedales de efectos, órganos que emitían zumbidos oscilantes y un sinfín de instrumentos analógicos unidos en armonía por el traqueteo incesante de una caja de ritmos. Todo, para transportar al oyente a un estado de hipnosis lisérgica comparable al éxtasis experimentado tras el consumo de la droga de diseño más potente que uno pueda imaginar. Colores, texturas, dimensiones paralelas que abrían un pórtico imaginario a la ciudad de tus sueños. Pongamos que hablamos de Madrid, de Berlín, Montreal o Helsinki, no importa de dónde ni si has estado alguna vez, Spacemen 3 te llevarán sin moverte de tu casa. 

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      <title><![CDATA[Our Mutual Friend]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/98/cancion</link>
      <description><![CDATA[Este mes de julio Neil Hannon la interpretó en el festival Faraday de Vilanova i la Geltrú, en su pase en solitario. Se trata de uno de los himnos de su segunda juventud, iniciada cuando en 2004 se echó el grupo a las espaldas y reivindicó la antorcha de The Divine Comedy con el disco “Absent Friends”. Ese álbum puede interpretarse como la versión de Hannon de “The Great Escape” de Blur. Y esta canción, como si Dean Martin le echara en cara a Frank Sinatra –con una producción digna de Andrew Lloyd Webber- que le hubiese birlado a última hora a la chica con quien iba a compartir esa noche los placeres de la carne. La letra recuerda a una entrada de diario personal redactada con la estilográfica de la amargura. Pop de cámara filtrado por el oropel de la sección de cuerda, al principio parecida a esas que le gustan a Michael Nyman y en la coda final hinchándose trágicamente como si nos inyectara una tragedia del tamaño de la de “Romeo y Julieta”. Bueno, pongámonos en situación: para quien, recién levantado y con resaca, se encuentra en el baño a su amante / media naranja de esa noche abrazada al que considera su mejor amigo (y seguramente, ambos sin ropa encima, si nos atenemos a la lógica de este relato de Hannon) lo de “Romeo y Julieta” no es que se quede algo corto, ¡es que no tiene ni punto de comparación con su ataque de cuernos! Podría ser, por qué no, que este miércoles 17 de diciembre el norirlandés volviera a interpretarla y a extraer lo mejor de ella en el pase en solitario que ofrecerá en la madrileña sala El Sol, de la mano de Heineken Music Selector, que conmemorará el 30 aniversario del recinto. Se verá.]]></description>
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      <title><![CDATA[Bar-X-The Rockin M]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/97/cancion</link>
      <description><![CDATA[De dieciséis canciones que tiene el disco, solo hay cinco que duren menos que “Bar-X-The Rockin M” (o cuatro, porque los 48 segundos de “Hide” son un mero interludio). Y de repente entra esta con la sección de vientos y te hace un despliegue skatalítico que coge desprevenida a la oreja. Como si Black Sabbath y las ‘marching bands’ de Nueva Orleans tuvieran algo que ver. Es lo que se te propone en este par de minutos y veintipocos segundos y resulta que esa ida de la olla resulta verosímil. Está incluida en un disco, “Stag” (1996), que va de eso: de una banda que, tras el portazo de Atlantic, a pesar del respaldo de Kurt Cobain, quiere grabar algo que no se parezca a lo que haya hecho antes y explorar nuevos campos, encarándose así con un entorno que le niega el reconocimiento que concede a otros. Conservan las raíces –crujido directo, riffs monstruosos- pero aportan arreglos entre la novedad y lo inesperado, como el sitar del primer tema del álbum o el ‘scratching’ hip hopero del que nos ocupa, incrustado a la perfección con el resto de la canción. Del ruido a la tranquilidad y vuelta a empezar. Actúan hoy en Madrid (sala Penélope) y mañana en Barcelona (La [2]). Del proto-grunge a 2009, sabiendo sobrevivir.

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