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    <title>Lorito: RSS</title>
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    <description>Canciones</description>
    <language>en-us</language>
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      <title><![CDATA[Dancing With Someone (Privilege Of Everything)]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/70/cancion</link>
      <description><![CDATA[Ensanchar los límites del slowcore echando mano de la producción digital. Dar la espalda a lo obvio. Hacer que lo que parece una pintura de blanco sobre blanco se llene de detalles. Cualquiera de esas tres frases encaja con el leitmotiv de Raymond Rasposa, el hombre al volante de este proyecto (es el único miembro fijo; nació en San Diego y residen en Nueva York), cuya esencia se recoge en esta canción, incluida en el tercero de sus cinco álbumes, “First Light’s Freeze”. Él, un narrador intrépido, plantea aquí un relato escapista: se trata de colocarse (no dice con qué) para después bailar con alguien y más tarde sentirse orgulloso y descreído. Un paseo sobre el alambre. Ese papel –el del alambre- lo representa el urgente minimalismo de una guitarra rasgada cada cuatro, cinco, seis segundos, sobre la cual la voz de Rasposa, silenciosa, transmite la desilusión de quien sabe que se ha comprado el décimo de lotería después de celebrarse el sorteo. Con ese susurro desnudo de Smog y Cat Power cuando susurran desnudos… y tristes. Como un spoken word grabado en un cuatro pistas por alguien sedado que nos lee un antiguo libro de historia.]]></description>
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      <title><![CDATA[Ain't Got No - I Got Life]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/69/cancion</link>
      <description><![CDATA[El signo de los tiempos ha dado a conocer esta canción a millones de personas durante los últimos años, y la culpa es de la publicidad: se la ha usado para vender coches y yogures. Se trata de un medley de dos temas de la ópera hippie “Hair”, que cambió de sentido y contexto en la garganta de Nina Simone y fue transformado en un extático himno de los derechos civiles. Escaló muy alto en algunas listas, como la británica y la holandesa, convertido en ariete promocional del disco “Nuff Said” (1968). El álbum se registró en gran parte en directo –en concreto, ocho de sus 11 cortes-, tres días después del asesinato de Martin Luther King. Pueden cortarse con un cuchillo el dolor y la rabia que flotan en su aire. 
Este tema fue uno de los tres que se grabaron en un estudio, aunque después se le añadieron aplausos para maquillarlo de directo. Pero ni ese postizo logra despistarte. Porque te enganchas a la convicción desplegada por la gran Nina, tan sólida en su rol de predicadora de lo que ella llamaba “música clásica negra”. Dos minutos de groove con nervio y cascada de piano (ella era una teclista extraordinaria), de altar a ras de suelo, con la procesión de la reafirmación personal y colectiva cociéndose por dentro hasta el estallido final.
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      <title><![CDATA[Passing Afternoon]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/68/cancion</link>
      <description><![CDATA[Todos tenemos a un niño durmiendo en nuestros huesos, muy asustado para estar solo. Es la última frase de esta intrigante canción, un hipnótico remanso de belleza a base de capas casi transparentes de guitarra, piano y batería. Y de esa voz, la de Sam Beam, el hombre tranquilo que ha conmocionado la cara folk del indie por la vía zen, volando por encima de Devendra Banhart y Sufjan Stevens sin necesidad de batir alas, sólo dejándose llevar por el aire cálido de su susurro. Bueno, en su último trabajo, “The Shepherd’s Dog” (2007), ese susurro está ya bastante (y muy bien) acompañado por una mayor instrumentación. Podría decirse que fue “Passing Afternoon”, la más producida de las canciones de “Our Endless Numbered Days” (2004) y también la elegida como single, la primera en dar pistas sonoras de su presente.
	La canción se mece lentamente mientras va describiendo a una mujer en la lejanía. La lejanía del recuerdo, porque ella se marchó. Decidió creer en los himnos que le cantaba su madre y perder su anillo de boda. Y para él, el que nos canta y la recuerda, sus secretos serán ya siempre como canciones que no pudo aprender. Tal vez la cante en el único concierto de su actual gira europea que pasa por España. El lunes 14 de enero, en la sala Apolo de Barcelona, sabremos la respuesta.
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      <title><![CDATA[A Fool In Love  ]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/67/cancion</link>
      <description><![CDATA[En un principio esto debía cantarlo un hombre. Pero Tina la grabó para una demo y cuando Ike escuchó aquello cambió de planes. El aullido inicial de la fiera de Nutbush, a lo Howlin’ Wolf, lo había dejó noqueado. Esta canción fue el puente que sirvió a Anna Mae Bullock –su nombre real- para dejar de ser Little Anna y pasar a llamarse Tina Turner. La llave que le abrió la puerta de su leyenda. El tema llegó al tercer puesto en las listas de rhythm and blues y al 27 en las de pop. Corría 1960. Ha pasado mucho tiempo. Tanto, que Ike falleció ayer mismo y Tina hace ya años que ha dejado muy atrás aquel rajo interpretativo, cuando su garganta incandescente y bronca, nada domesticada todavía, echaba brasas a la barbacoa del R&B. Descoloriéndose en el mainstream, la carrera de la señora ganó después mucha fama y proyección, pero en la misma medida que su repertorio fue perdiendo el brío. Y diluido en sus problemas (entre ellos, los surgidos por su maltrato a Tina y su posterior divorcio), el talento de Ike, uno de los pioneros del rock’n’roll, nunca fue reconocido como debía. La premonición ya estaba en “A Fool In Love”. Déjate llevar por el juego de voces entre el desgarro de Tina y la inocencia coral de The Ikettes mientras resuena: “Tú lo amas y no entiendes el porqué te trata como te trata, siendo tan buen hombre como es”. ]]></description>
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      <title><![CDATA[Freedom Park]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/66/cancion</link>
      <description><![CDATA[Después de un tercer disco frustrante, en el que las canciones se quedaban sin aire por culpa de una producción abigarrada, el grupo comandado por los hermanos Bielanko decidió coger bien fuerte las riendas y apuntar mejor. Otro fracaso y adiós a su futuro. Esta vez los de Filadelfia acertaron con las decisiones y “20.000 Streets Under Sky” (2004) sí captó la esencia de ese rock romántico y de bohemia urbana que había enamorado a Steve Earle hasta tal punto que hasta les sacó su segundo disco en su propio sello.

Si una canción ejerce de punto de fuga en este álbum redentor es “Freedom Park”. Te estalla en la cara desde el primer segundo, con unos coros femeninos de doo wop a toda mecha y esa guitarra tan a lo T-Rex. Súmale palmas y alboroto y ahí tienes la celebración, vía “wall of sound”, del deseo de que los malos tiempos queden pronto atrás. Porque el protagonista mira al parque y sólo ve botellas y vasos rotos, cemento frío y aquel lugar en el que mataron a una chica de un disparo. También murió el hermano de su novia, a la que abraza mientras le dice que algún saldrán de allí, igual que esos aviones que parecen peces plateados reflejados en el río. Perdedores soñando y turbo-rock con la quinta marcha puesta. Emocionante. Hoy la tocarán, seguramente, durante su pase en el concierto benéfico “Light Of Day” que se celebra en la sala Apolo de Barcelona. Si asistes y la escuchas, entenderás qué se siente en ese parque. Esas ganas de escapar del destino.
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      <title><![CDATA[Little Plastic Castle]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/65/cancion</link>
      <description><![CDATA[En la cafetería en una ciudad, que es cualquier cafetería en cualquier ciudad, y un día que es cualquier día, cojo una revista que es cualquier revista y leo sobre una historia que al momento ya he olvidado. Eso dice la primera estrofa de esta bulliciosa canción, la que abre el disco con el que hace nueve años la estadounidense reinventó su estilo para llevarlo a un terreno más pop y con mano izquierda para jugar con los arreglos. Un estilo que soltara lastre con la activista folk politizada de su primera etapa.

La entrada de la sección de viento cuando el tema lleva un minuto y diez segundos de recorrido empuja la canción hacia una euforia de marching band, con el trombón abriéndole el paso. La melodía es bienvenida donde a principios de los 90 el ritmo se llevaba casi toda la palma. Con una voz más hecha que la de sus primeros trabajos, Ani va estableciendo comparaciones entre la metáfora del pez sin memoria, pongamos una carpa dorada, y ese pequeño castillo de plástico en el que los humanos nos hemos instalado. Con los medios de comunicación machacándonos lo que es “normal” para después inyectarnos esos kilos de estereotipos. La alegría de esta música refuerza la sutil crueldad del mensaje: vive sin memoria, serás feliz si eres pez marioneta.
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      <title><![CDATA[Tender Mercies]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/64/cancion</link>
      <description><![CDATA[Hay demasiado poco amor en el mundo para ese sublime proyecto de pop etéreo, sin gravedad, que es Doveman. Hace falta más culto alrededor de la banda liderada por Thomas Bartlett, todo un “workaholic” de la escena indie: además de crear sus canciones y defenderlas en directo, toca para otros (The National, sobre todo) y escribe sobre música (se echa de menos su columna en el blog musical Salon Audiofile, aunque nos quedan sus ocurrencias en Speak, Peppery). Hay que hacer un “super hype” de Doveman porque son capaces de locuras como “Tender Mercies”, una canción de cuna slowcore, más suspirada que cantada, cuya tristeza etérea y frágil debería desarmar a cualquiera con dos dedos de corazón. Como John Vanderslice y Beirut, estos chicos cuentan con un videoclip para cada canción de su nuevo álbum; echen si quieren un vistazo al de “Tender Mercies” en YouTube, pero la imagen no hace justicia al sonido; mejor cerrar los ojos; soñar.  ]]></description>
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      <title><![CDATA[The Deader]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/63/cancion</link>
      <description><![CDATA[El joven dúo Two Gallants hace canciones con tantas palabras como las primeras firmadas por Bright Eyes, otro estandarte del sello Saddle Creek. Palabras amontonadas con rabia sobre una base de americana en clave punk, de blues-rock salvaje y fiero; voz, guitarra y batería, nada más, al borde de la crisis nerviosa.

“De modo que ahora dejadme que os cuente sobre esta chica mía”, son las primeras palabras de un nuevo álbum homónimo cuyo leitmotiv literario es el “chico pierde chica”. La primera en la frente: esta tremenda “The Deader” sobre el amor que resquebraja la distancia física y mental, con un hermoso estribillo country-folk –un giro hacia el reposo– donde Adam Stephens se lamenta de la lejanía de su amada y duda sobre si ella está igual: “Me pregunto si me oirá, mientras voy pasando el día”. Le oye pero menos, porque la historia acaba mal. Canción no recomendada –o sí, según el nivel de masoquismo de cada uno– para los desacoplados hace poco.  ]]></description>
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      <title><![CDATA[Billy Bragg]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/62/cancion</link>
      <description><![CDATA[La inteligencia puede ser divertida. Con la verdad por delante también se puede bailar. Los más feos no tienen porque ser los más tontos. El circo liberal no da risa. Billy Bragg, -inteligente, divertido y feo- fue algo así como una mosca cojonera para Margaret Thatcher, aquella primera ministra británica que parecía la suma de la Srta. Rotenmeyer de “Heidi” y la Angela Channing de “Falcon Crest”. Con una diferencia fundamental: Thatcher era de carne y hueso, así que su maldad liberal no se quedaba en el terreno de la ficción, sino que vaciaba las neveras de los obreros británicos. 

Bragg, decíamos, fue una de sus moscas cojoneras. Con canciones como “Island Of No Return”, un disco como “Talking With The Taxman About Poetry” (1986) o su implicación en el colectivo izquierdista “Red Wedge”… Los catalanes Los Carradines le homenajean en un himno de bolsillo sincero a más no poder. También inteligente, divertido y emocionante. Curiosa y muy positiva anomalía la de este trío de feos, cuyo disco de debut, “Sospechoso tren de vida”, se pasa por el forro tanta tontería de nuestro moderneo indie y el anafalbetismo autoinducido de nuestro rock de garito. Unos valientes haciendo de Violent Femmes en un país rendido a los politonos.]]></description>
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      <title><![CDATA[Is There A Ghost]]></title>
      <link>http://www.lorito.net/Comentarios/critica/61/cancion</link>
      <description><![CDATA[Band Of Horses, la revelación indie rock de 2006, acaba de ceder una de sus canciones (“Everything All The Time”) a Wal-mart para su empleo como banda sonora de un spot del brazo online de la corporación. De modo que, ¿y si quitamos el “indie” y lo dejamos en “revelación rock de 2006”? Da cierta rabia, para qué negarlo, pero se lo vamos a perdonar. Como perdonamos a Los Simpson que aparezcan en vasos del McDonald’s con pose divertida. O como perdonamos a Wilco que vendiesen medio “Sky Blue Sky” a Volkswagen. Y mientras Ben Bridwell siga haciendo canciones como “Is There A Ghost” (adelanto del álbum “Cease To Begin”, que publican el 10 de octubre) habrá que perdonarle hasta un alarde sexual con nuestra pareja. Intensa y poderosa, algo así como el “Funeral” de 2007: un pellizco que deviene una eléctrica pasión, una canción de cuna que desemboca en himno a corear en grito… Gozada absoluta. Tres minutos de fantástica triste felicidad.
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Escúchala (y descárgala) en su MySpace:]]></description>
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