reportaje

Miércoles, 29/10/2008

¿Estás gordo? Sí, como una tapia

A veces da la sensación de que toda la revolución (léase la palabra con mucha precaución) que está afectando al consumo de la música tal y como lo conocíamos ha sido diseñada por un comité de inexpertos. Ahora resulta, nos dice a través de la prensa la Comisión Europea, que tenemos delante a una generación de sordos. La culpa es de los reproductores de MP3, que pueden ocasionar la pérdida de un 30 por ciento de la capacidad auditiva. La cosa oscilaría entre los dos millones y medio y los diez de tenientes. ¿Mande? Así lo sostiene un estudio, al parecer de fiar, claro y rotundo, del Comité Científico de los Riesgos Sanitarios Emergentes y Recientemente Identificados. Más datos para dar saltos de alegría: el número de jóvenes expuestos al ruido social se ha triplicado desde principios de la década de los ochenta. Y es que en esta época las orejas no paran de trabajar, ni que fueran la nariz de ese famoso cocainómano: el 64,7 por ciento de los europeos entre los 10 y 15 años ya tiene móvil. Igual es un buen momento para que regrese el grupo Decibelios.

Resulta que si el oído tolera hasta los 90 decibelios, muchos de los instrumentos musicales, teléfonos y armas con que juegan los críos alcanzan los 130 / 135 decibelios. Los reproductores de MP3 a toda castaña, ídem. Se habla de introducir limitadores de sonido, ya que usarlos a más de 89 decibelios una hora al día, cada semana y durante cinco años da como resultado una sordera irreversible. Qué le vamos a hacer. Con cascos, el sonido llega directamente a la muy sensible cóclea (que es como la retina de la oreja, para entendernos) y sus células nerviosas se dañan con más facilidad, no regenerándose después. ¿Mande? A principios del año que viene habrá una conferencia internacional para evaluar estos riesgos y sus posibles soluciones. Se habla de advertir del peligro de estos aparatos, como ocurre cuando se compra un paquete de tabaco y se leen esos bonitos eslóganes que, básicamente, te vienen a decir “te estoy matando, que lo sepas”.

Finalicemos con unas palabras del por algunos de vosotros ya conocido Neil Young, para quien ponerse cascos para escuchar MP3s resulta algo “infernal”. Reflexionemos sobre ellos, hermanas y hermanos, pero hagámoslo en silencio. Porque, como ha escrito Mario Benedetti, en el silencio caben todos los ruidos.

Miguel Martínez

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