editorial
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Viernes, 26/10/2007
Oremos, hermanos. El dial está muerto
“Mi nombre es Mac McCaughan”. Así, al estilo Johnny Cash, se presentó el 24 de octubre ante el Comité de Comercio, Ciencia y Transportes del Senado estadounidense el líder de Superchunk y Portastatic y cofundador de Merge Records, discográfica que en 20 años ha puesto más de 300 álbumes en la calle. Los políticos querían que les hablase del estado de innovación y competitividad de la radio. Y lo hizo.
Defendió una radio no comercial, comunitaria, con voluntad de servicio a su audiencia, frente a una comercial, cuyo mero objetivo sea la suma de oyentes. De la primera dijo que es esencial para la diversidad que debe definir la vida cultura de un país. También que sin su ayuda y programación, ejecutada por personas apasionadas por la música, él no habría podido dar a conocer los grupos de su sello. Pidió que sean amparadas por nuevas leyes y que se deroguen aquellas que desde 1996 están ayudando a la homogeneización de las emisoras comerciales en Estados Unidos, dando lugar a un muy preocupante discurso único dirigido por las grandes corporaciones. Hoy en día, comentó McCaughan, es mucho más fácil escuchar música independiente en un anuncio de coches o en un videojuego que en una emisora comercial.
Puso ejemplos. En 2007 dos bandas de Merge Records, Arcade Fire y Spoon, han sacado discos que han debutado en el Top 10 del Billboard. Ambas han aparecido en el programa televisivo de máxima audiencia “Saturday Night Live”, de ambas la prensa generalista ha escrito masivamente, etcétera. Y ambas han estado virtualmente ausentes de las ondas de la radio comercial. Han sido las comunitarias las que han hecho posible que esos grupos hayan llegado a la audiencia mainstream.
Habló también de la radio por Internet. Pidió neutralidad política para que no se la ahogue con leyes. Que en Estados Unidos 13 millones de personas ya estén pagando para escuchar radio vía satélite, hartos de la radio fórmula, es sintomático. Nosotros aún vamos con retraso. Pero es que aquí somos muy sui generis para algunas cosas.
No en vano, coincide esta noticia con un comunicado de la asociación cultural madrileña Ladinamo, obligada a abandonar la sede que tiene alquilada en el barrio de Lavapiés. Según explican, los propietarios del inmueble son los religiosos de la Tercera Orden de San Francisco, quienes parece que andan muy interesados en sacar tajada de una operación urbanística que afectará al local y en la que anda implicado el Arzobispado de Madrid. El poder del ladrillo y las radios comerciales del discurso de Mac McCaughan, tal para cual. ¡Y qué viva el capital!
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