reportaje
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Viernes, 20/04/2007
Roy Orbison is alive (Parte 2)
Una esquina cualquiera, una guitarra suspendida en el aire y una garganta que remonta el río del pasado para desempolvar los días dorados de Sun Records, las baladas envueltas en terciopelo y melodías cálidas que abrigan y reconfortan. Todo vuelve, sí, aunque hay cosas que nunca llegaron a irse del todo. El día que la revista británica "Mojo" se rindió ante las excelencias de Richard Hawley, "Cole's Corner" no sólo fue destacado como disco del mes de septiembre de 2005, sino que junto a la crítica había un dibujo que presentaba al de Sheffield acodado a una barra junto a Frank Sinatra, Scott Walker y, claro, Roy Orbison. Voces del más allá colándose por las rendijas de la actualidad y robando espacio a los Arctic Monkeys y Franz Ferdinad de turno.
David Morán
Sirva el párrafo anterior para decir que, a casi dos décadas de que un infarto lo mandase de cabeza al limbo del rock, Roy Orbison sigue suscitando el suficiente interés como para ser considerado una influencia en sí mismo. Ya lo era cuando Bruce Springsteen, Tom Waits, T. Bone Burnett y Elvis Costello, entre muchos otros, se rindieron ante él en el emblemático "Roy Orbison And Friends. A Black And White Night Live", y lo sigue siendo ahora que un puñado de artistas -"crooners", los llaman algunos- se han empeñado en reavivar la llama de su leyenda. El de Hawley es, seguramente, el caso más evidente y llamativo, pero hay más. Algunos tangenciales, otros que se fijan únicamente en la imponente caja torácica del sempiterno autor de "Blue Bayou" y de "In Dreams" e incluso algún que otro despropósito, como ese "Only The Lonely: A Tribute To Roy Orbison" que releía el repertorio del tejano en clave country. Aquí, claro, preferimos quedarnos con los buenos, los que se sirven del aliento de Orbison para encajar piezas y coronar la cima de la melancolía.
Curiosamente, casi todos han esquivado el rockabilly y pasado de largo del rock para potenciar la faceta más turbadora de Orbison. Es el caso de Hawley, sí, pero también el de Harlan T. Bobo, geniecillo de Memphis que, además dirigir la sección de cuerda del "The Greatest" de Cat Power y tocar el bajo en Viva L'American Death Ray, ha rescatado el diálogo de escozores románticos en el sobresaliente "Too Much Love" (2006). No cuesta mucho imaginar a Orbison cantando cualquiera de las baladas de su ilustre aprendiz, igual que tampoco cuesta demasiado imaginar lo que se proponía Chris Isaak cuando entró en un estudio para grabar "Silverstone" (85). El melodrama, las inflexiones vocales, esas filigranas de guitarra patentadas a mediados de los 50... No es casualidad -o sí, quién sabe- que Isaak acabase siguiendo los pasos del maestro y pusiese música a una película de David Lynch, algo que Roy ya había hecho en "Blue Velvet". La canción, claro, fue "Wicked Game". La película, "Corazón salvaje".
No acaba ahí la cosa. Desde el empacho romántico de The Divine Comedy al crepitar nocturno del Nick Cave menos espartano, desde las detonaciones melódicas de Nick Lowe al falsete que se le escapa de vez en cuando a Kurt Wagner (Lambchop), la sombra de Orbison es alargada y, aunque a veces cueste reconocerla entre la madeja de nombres propios con la que se tejen estos días de prisa, está ahí, no lo duden. ¿Más nombres? Ahí van unos cuantos: el melodrama de Antony, los delirios de The Cramps, la ternura del primer Ryan Adams, los aromas clásicos de Michael Fracasso, las pintas que gasta Eez Barzelay (Clem Snide)... Puede que a estas alturas hablar de Roy Orbison ya no sea cool, que sus discos estén arrinconados en cualquier estantería sepultada por el polvo y que más de uno arrugue la nariz al oír "Oh Pretty Woman" por millonésima vez, pero de repente aparecen discos como "Cole's Corner" y "Too Much Love" y de repente, ¡oh, sorpresa!, todo el mundo coincide en proclamar al unísono eso de "qué bonito". Bonito con O de Orbison. ¿Para cuándo un tributo en toda regla?
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