reportaje
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Jueves, 14/06/2007
Primavera Sound: La crítica da su opinión
Barcelona, 31 de Mayo, 1 y 2 de Junio. Parc del Forum
Pasó el Primavera Sound 2007. El Lorito recoge en este artículo la opinión de una decena de críticos musicales que asistieron al festival. Qué les gustó y qué no. Como suele pasar y como debe ser, hay coincidencias y desacuerdos. Incluso lo que para unos está entre lo mejor, para otros figura entre lo peor. Eso sí, lo que queda muy claro es que Smashing Pumpkins y Buzzcocks no calaron en absoluto. Pasen y lean.
Eduardo Guillot (Efe Eme, La Cartelera de Levante, Rockdelux)
Al Primavera Sound de este año me resulta bastante complicado ponerle pegas. Creo que el inicio de colaboración con el ATP ha terminado de redondear un criterio a la hora de confeccionar el cartel que me parece, sencillamente, impecable. Hace dos o tres años que estaba dejando de acudir a los festivales porque las pujas por los cabezas de cartel tenían como consecuencia el descuido de lo que llamamos "letra pequeña", esos grupos que no venden abonos pero que rellenan programación a base de calidad y aura de culto. Este 2007, prácticamente todo el Primavera Sound ha sido letra pequeña.
Se ha hecho alguna concesión que a posteriori ha resultado decepcionante (Smashing Pumpkins), pero ha andado sobrado de propuestas de interés. De hecho, eso era lo malo, porque obligatoriamente te perdías grupos. Así y todo, y dejando de lado la vergonzosa actuación de unos lamentables Buzzcocks, que no hicieron honor a su nombre y su historia, me quedo con Billy Bragg, Barry Adamson, David Thomas Broughton, Built To Spill, Sonic Youth, The White Stripes y Patti Smith. Y sí, ya sé que cito a algunos que son letra grande, pero es que se salieron.
Guillem Vidal (El Punt)
Lo mejor: unos Wilco finísimos ofreciendo su mejor concierto hasta la fecha en Barcelona y defendiendo a contracorriente su notable "Sky Blue Sky". El espíritu de Billy Bragg y su referéndum sobre si Elvis o Dylan. Una Patti Smith litúrgica recordando, por momentos, su ya célebre recital de hace tres años en el Palau de la Música. Low, The Black Lips y Apples In Stereo. El esfuerzo logístico que ha hecho posible una rigurosa puntualidad en las actuaciones y no demasiadas coincidencias horarias. Los frankfurts generosos en cebolla, tomate y mostaza.
Lo peor: Jonathan Richman, que ya no hace ninguna gracia. Los trajes blancos de Smashing Pumpkins. Las colas.
Joan S. Luna (Mondo Sonoro)
Debería decir que me maravillaron los conciertos de Patti Smith o Wilco, pero no fue así. Fundamentalmente porque, en esta ocasión, decidí prestar mayor atención a los artistas de los escenarios digamos que secundarios antes que a los grandes cabezas de cartel. Mi opinión con respecto a sus actuaciones, por tanto, sería sesgada e incompleta al haber visto apenas unos temas. Lo que sí puedo decir es que la amplitud de miras de esta edición me ha permitido disfrutar tanto de artistas como Jay Reatard o Ted Leo como de Modest Mouse, Justice, Comets On Fire, todos ellos protagonistas de algunos de mis conciertos más excitantes de este año.
Hubo también decenas de conciertos más o menos apreciables (Slint, Girls Against Boys, Architecture In Helsinki, Beirut, The Fall, Melvins, Blonde Redhead o Isis), pero pesaron algo más las decepciones. Dejando a un lado las cancelaciones de Klaxons y Spank Rock, las más destacables serían Built To Spill (demasiado fríos para tan grandes canciones), Low (mala hora sin duda), The Long Blondes (el grupo menos inspirado de la nueva ola británica) y The Black Lips (poco creíbles). Por otro lado, fueron muchos los artistas estatales que ofrecieron excelentes actuaciones, desde Lisabö a Los Planetas, pasando por Standstill, los arrolladores Za y Half Foot Outside. Para acabar, lo tengo claro, entre los shows de Smashing Pumpkins y The White Stripes, me quedo con el de los segundos. Sin lugar a dudas.
Juan Cervera (Rockdelux)
Lo mejor: los conciertos de The Fall, Billy Bragg, Beirut, Sonic Youth, Wilco, Blonde Redhead, Herman Düne, Justice y Fennesz & Mike Patton. El recinto sigue siendo ideal para este tipo de reuniones multitudinarias (en el Poble Espanyol, el festival ya era inviable, está claro). La oferta amplia, variada y plural. Todo el mundo puede encontrar / descubrir a su grupo favorito o desconocido. Entre lo mejorable, el sonido de algunos escenarios. Entre las frustraciones: lo de Elvis Perkins; tuvieron que tocar con instrumentos prestados (los suyos no llegaron a tiempo) y sin probar y la acumulación de propuestas a la misma hora. Produce esquizofrenia. Yo pondría menos grupos y eliminaría un escenario. Lo del Auditori continúa siendo un lujo. De Kimya Dawson a Barry Adamson, casi todo lo que allí se programa tiene ese "algo" especial difícil de encontrar en festivales de este tipo.
Julián García (El Periódico)
El cartel del Primavera Sound del 2007 era, de entrada, radical, sesudo y exquisito, de comparación imposible con otras citas festivaleras de aire estival. Y el resultado, en mi opinión, estuvo a la altura de esas emocionantes expectativas. Ante un festival tan vasto y tan rico en oferta es imposible abarcarlo todo, así que uno elige y picotea. El menú me salió sabroso de verdad: me topé con muy pocas cosas decepcionantes (Buzzcocks, Smashing Pumpkins, aunque de estos últimos tampoco esperaba demasiado) y sí, en cambio, muchas otras dignas de ovación cerrada: Wilco, Patti Smith, The Good The Band & The Queen, Sonic Youth, Modest Mouse, Los Planetas.
Un pequeño aplauso, entrañable y sincero, para la fanfarria buenrrollista de Beirut. Y una reverencia para la humeante actuación de Barry Adamson: un monstruo. ¿The White Stripes? Muy bien, pero a ratos parecía que Jack White se hubiera comprado el videojuego de "Guitar Hero" para la Play Station 2.
Luis Lles (Diario del Alto Aragón, El País, Primera Línea, Rockdelux)
Lo mejor del Primavera Sound fue, salvo excepciones (David Thomas Broughton, fenomenales Justice, Reinhard Voigt, Matt Elliott, Isis, arrolladores Battles y un set impecable de Ivan Smagghe), la actuación de los veteranos: el gospel revisitado de Spiritualized, la rabiosa tensión de The Fall (infinitamente mejores que en su anterior aparición "borrachuza" en el Primavera Sound), la excelsa Patti Smith (un pelín nostálgica, eso sí), la sutileza de unos Wilco en estado de gracia, Robyn Hitchcock dignificando un género tan poco estimulante como el pop-rock, o The Good, The Bad & The Queen con su maravilloso mejunje dickensiano, que además tuvo que luchar contra una sonorización deficiente en el escenario Rockdelux.
Y en cuanto a lo peor del festival, exactamente lo mismo. Además de medianías más o menos contemporáneas como Maxïmo Park, las horribles The Long Blondes o Modest Mouse, y de las ligeras decepciones de apuestas como Elvis Perkins o Architecture In Helsinki, lo peor de esta edición fue igualmente la actuación de los veteranos: Smashing Pumpkins y Melvins intentando en vano revivir el grunge y el rock alternativo de los 90, Slint intentando insuflar alma a su mortecino post-rock que ha envejecido mal (tampoco era el lugar más adecuado) y unos Buzzcocks que, ¡a su edad!, todavía no han aprendido a tocar. Es más, tocan peor que nunca.
Nando Cruz (El Periódico, Rockdelux)
Una de las razones por las que sigue siendo difícil ver mejores conciertos en los festivales que las en salas es el sonido. Por eso las tres actuaciones que más destacaría, por encima incluso de las ejemplares exhibiciones de resistencia de The Fall y Billy Bragg, son las de tres bandas que se han sobrepuesto, cada una a su manera, a esta adversidad. Por un lado, The Good, The Bad & The Queen y Wilco. Ambos denunciaron a medio concierto lo incómodo que es defender tu música cuando en tu escenario oyes la música de la banda que están actuando en otro escenario. Sus propuestas son reflexivas, sutiles y ricas en musicalidad. Exigen oídos atentos, pues su expresividad nace del clima que tejen los instrumentos. Tenían las de perder porque en un festival luce más lo directo y vistoso, pero firmaron los conciertos más exquisitos y especiales que vi. De esos que cultivan el tímpano y el paladar.
El tercer concierto que destacaría es el de los vascos Lisabö. En el escenario con peor acústica (el CD-Drome Vueling), dinamitaron todos los límites de volumen y agrietaron el cemento con un post-hardcore vibrante, carnoso, epiléptico, en plan apisonadora y siempre, siempre, al borde del colapso nervioso. Por supuesto, sonaron mejor que nadie.
Ramón Súrio (La Vanguardia, Rockdelux)
Lo mejor de esta edición ha sido comprobar que aún se puede escuchar en directo buen rock vanguardista (Sonic Youth) y con raíces (Wilco). También que el gospel (Spiritualized) puede ser tan emocionante como lo más moderno (Justice). Que las bandas sonoras imaginadas por alguien inteligente (Barry Adamson) pueden competir con las melopeas de un ex borrachuzo (Mark E. Smith); o que se puede ser un rústico americano con las finas maneras de un británico (Modest Mouse). Lo peor: Damon Albarn vestido de personaje de Dickens para oficiar una nadería que apenas se pudo oír. También suspenso para el sonido. No es de recibo que un festival de estas características ofrezca, en general, un sonido tan mediocre. Para próximas ediciones proponemos menos cantidad de grupos (y de escenarios) y más calidad de sonido. Y es que nos piden que seamos unos gourmets y luego nos sirven los platos de cualquier manera y eso no es de recibo. ¡Queremos cocina de calidad y buen servicio!
Santi Comelles (Rock Zone, Ruta 66)
Billy Bragg es el que más me gustó, porque además de contar con muy buenas canciones consigue que estas sobresalgan, que levanten el puño y crezcan dos palmos cuando él las canta. Se le puede llamar "personalidad creativa" o también "hacerse oír". Sabía a qué venía (una guitarra eléctrica, un micrófono y 1.000 razones diferentes que defender o por las que discutir), sabía qué le apetecía decir en cada minuto de actuación y aquello que en él buscaban los demás. Y aunque su repertorio lo tiene muy a mano a veces lo dejó escapar hacia el patio de butacas, para ver si así también reaccionaba desde el otro lado. En su caso la prueba salió positiva. Era algo que se notaba a simple vista, que ya conocíamos de otras visitas suyas e igualmente me pareció lleno de oxígeno. Sí, un artista de vez en cuando necesita que su obra se escape a tomar aire para ver hasta qué punto forma parte también de los demás.
Es lo mismo que buscaron sin suerte, y perdiendo aceite cada dos por tres, The Good, The Bad & The Queen, porque no tienen canciones tan buenas ni un motivo para hacerlas creíbles, porque se complicaron la vida y porque parece fácil, pero lo es más pasarse de la raya cuando se anda por ahí. Otra que actuó sola y sí encontró lo que Bragg, aunque de otra forma, fue Shannon Wright, pues ella supo soltar dentro de su propio cosmos emocional sus canciones mientras abrazaba al piano o agitaba la guitarra. Seguro que ella no buscaba acercarse hasta el público, pero sus canciones eran tan guapas que conseguían que a los presentes les entraran ganas de ir a recogerlas.
Víctor Lenore (Ladinamo, La Razón, Rockdelux)
El cartel fue muy bueno, pero los horarios y condiciones del recinto complicaron disfrutar de la experiencia festivalera.
Lo mejor
Melvins: Suenan crudos, primitivos e intimidantes. También extrañamente distinguidos. Con ellos el rock'n'roll recupera el nervio y la sangre. Hubieran sido ideales para cerrar, como Boredoms en 2006.
Billy Bragg: Algunas de sus canciones políticas ("The Price Of Oil") son un poco simplonas, pero en general todo él es calidez y emoción. Un cantautor cotidiano que sigue sonando relevante. No hay muchos así.
Band Of Horses: Algunos nos hemos hartado ya del neocountry, pero este grupo tiene algo especial. Melodías luminosas, crescendos hipnóticos y memorables mareas de guitarras. La lucha del vocalista contra el micro jodido fue también muy divertida. Otros tradicionalistas que no estuvieron nada mal fueron Oakley Hall, al día siguiente y en el mismo escenario.
Diplo: El nivel de los DJs en el Primavera fue bastante bajo. El festival presume de exquisitez e innovación, pero su cartel electrónico es bastante conservador (lleno de DJs de batalla que actúan en España habitualmente o de nombres que triunfaron en otros festivales un par de años atrás). Diplo convenció pinchando lo de siempre: música colorista para bailar. Que falta hace.
Comets On Fire: Otros que resucitan el rock'n'roll. Sus ritmos son vivos como una lagartija ebria de tequila. Las guitarras tejen una frondosa y dinámica maraña de distorsión se te agarra al cuerpo. Sólo falla la voz, demasiado típica.
Los Planetas: Ofrecieron una primera mitad impecable (la de "La leyenda del espacio") y una tanda de éxitos muy digna. Seguramente están en el mejor momento de su carrera.
Robyn Hitchcock & The Venus 3: Es un compositor cálido, clásico y con muchos matices. Peter Buck (R.E.M.) fue un refuerzo de lujo (siempre en segundo plano) para unas canciones que o bien las hace él o no las haría nadie.
The Good, The Bad & The Queen: A pesar de lo bajito del sonido, repasaron con solvencia su sutil y sustancioso debut. Paul Simonon (The Clash) se pasó con las posturitas de rock star, pero el resto encajó de maravilla.
Nathan Fake: Otro de los DJs que salvaron la noche. Su psicodelia con destellos shoegazer y con alguna turbulencia ruidosa supo a gloria entre tanta sesión previsible y tanto pom-pom-pom aséptico.
Lo peor
Patti Smith: Su grupo sonó profesional e inofensivo. Tocaban en piloto automático. Ella misma se dio cuenta de que aquello no prendía y adelantó "Gimme Shelter" (The Rolling Stones) para intentar animar la cosa. La canción más aburrida del festival fue "Are You Experienced?" con Patti tocando el clarinete.
Fennesz & Mike Patton: Tomados uno a uno son dos talentos mayúsculos. Juntos en el escenario ATP parecían dos extraños calentando durante su primer ensayo. Un churro muy serio.
The White Stripes: ¿El grupo más sobrevalorado de la historia del rock? Billy Bragg hizo esta broma tras ver su show: "Hey, chicos, en el concierto de ayer daba la impresión de que os habíais separado". Su versión de "Jolene" (Dolly Parton) fue un espanto en toda regla.
Colas, saturación y el gueto bakala: Más de dos horas tuvieron que esperar muchos asistentes con entrada para cambiarla por pulsera el jueves. Eso sí, la organización puso a trabajar personal extra para solucionarlo. El transporte público (me cuenta un amigo) se colapsó el sábado. Tampoco procedía el llamado "gueto bakala": la gente que había comprado entradas de noche sólo podía ver a los DJs y eso implicaba controles con "simpáticos" seguratas que te trataban como al ganado.
El escenario Rockdelux: Sonó siempre muy bajo, tanto que se colaba el sonido del escenario CD Drome (directamente orientado a molestarle). El saboteo comenzó con The Dirty Three. Su concierto, muy chulo, se emborró con el ruido que venía de arriba. Slint o The Good, The Bad & The Queen fueron anestesiados por un sonido anodino.
El cuarto oscuro: La zona entre el escenario Rockdelux y el CD Drome carecía por completo de farolas. Había que guiarse por el instinto, como los jedis.
La confección de los horarios / la pérdida del concepto de cierre: ¿Qué pintan los sedados Low o el muermo de Múm a las tres de la mañana? ¿Por qué no usaron a los Melvins para cerrar? Muy triste fue ver cómo el sábado decenas de personas con ganas de bailar abandonaban el recinto ante las pésimas sesiones de Hell y Erol Alkan. Muchos indies que querían prolongar la fiesta también salían con ganas de más.
Jonathan Richman: Tocó menos de 40 minutos, 15 de ellos invertidos en chistes y en repetir una canción. Mucha jeta.
Las orquestas de sí mismos: ¿Tienen sentido los conciertos en los que un grupo mítico toca un disco emblemático entero? Casi siempre suenan previsibles, acartonados y sin mucha vida.
Lástima haberme perdido: Blonde Redhead (huí por calor en la tercera canción), Lisabö (no quería ver solamente un trozo) y Spiritualized (por culpa de Band Of Horses). Según nos cuentan, dos de los mejores conciertos de esta edición. De verdad, una pena perderse Spiritualized, porque vinieron con un coro gospel. Resulta rarísimo ver artistas negros en el Primavera Sound, a pesar de que están en el origen de la mayoría de estilos de la música popular. Y la pregunta es: ¿por qué nunca les contratan?
Última duda: ¿Molan Modest Mouse? Johnny Marr es un gran guitarrista. Isaac Brock tiene mucha actitud como cantante. Pero, ¿qué tienen de especial? De verdad que no lo pillo. Se admiten sugerencias.
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