pelicula
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Jueves, 21/01/2010
Un tipo serio
2009. Estados Unidos. 105 minutos. Color.
Han vuelto. Los hermanos Coen en estado puro. Sinceros, sin buscar hacer más y nuevos amigos como en alguna de sus últimas películas, que no estaban, desde luego, entres sus mejores. Explicándonos –irónicamente, por supuesto, con ese humor negro suyo tan, tan bueno- que a veces las cosas, sencillamente, no funcionan. Que has de recibir con simpleza todo lo que te ocurra. Que los rabinos judíos no darán respuestas a tus problemas, pero lo que es contestar a tus preguntas, ningún problema, ellos siempre tendrán algo que decirte, aunque sea citando ¡a Jefferson Airplane! (lo hace el más sabio de ellos, que lo sepas). Es una película que has de captar intuitivamente. Ya me entiendes: o pillas la broma o no la pillas. La broma es esa especie de Harold Lloyd que se llama Larry Gopnik (excelentemente interpretado por Michael Stuhlbarg), un profesor de física del Medio Oeste que allá por 1970 ve como su existencia, aparentemente ordenada y controlada y viento en popa, zas, va y se viene abajo. Como cuando una ficha del domino se cae y tira la que tiene delante y así sucesivamente. Porque, Larry, en ocasiones ser un hombre bueno no es suficiente. Parece que lo van entendiendo a medida que avanza el filme y lo cotidiano se va convirtiendo en excéntrico, aunque le cuesta entrar en razón. Rodada con una sobriedad inteligente y risueña, con actores desconocidos por estos pagos que lo bordan, “Un tipo serio” es una película fetén sobre el destino, la fatalidad, la religión judía y la absurdidad en que puede convertirse la vida, sobre todo si te la tomas como un tipo serio.
Miguel Martínez
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