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Miércoles, 16/12/2009
Lluvia de albóndigas
2009. Estados Unidos. 90 minutos. Color.
El niño inventor que se las ingenia para hacer llover comida del cielo. Las imágenes, espectaculares, eso sí, al servicio de esas tres dimensiones (3-D) que, gafas mediante, nos mostrarán tormentas de hamburguesas, helados y lo que haga falta, todo a lo grande. A lo XL, si hace falta. Por entre medio, moralina sobre la avaricia (ese alcalde que va cogiendo volumen y más volumen) y Cupido haciendo de las suyas, con el ingenioso (pero con sospechosos pájaros en la cabeza) protagonista y una bella meteoróloga pidiendo a gritos que Jennifer Rush les cante “The Power Of Love”. En fin, que técnicamente muy bien pero como historia, correcta y punto (y sí, ya sé que se basa en ese libro de 1978 que no he leído). El caso es que con esos bártulos hay quien lanza las campanas tan al vuelo como para afirmar (lo he leído en Facebook, donde se delira bastante) que es la mejor comedia del año… ¿Qué entiende de este filme su público objetivo? Hablo de un niño de 6 o una niña de 8 años. ¿Piensa que la comida basura y los residuos que generamos son algo preocupante y que debe tomar nota de los bollos de más que se zampa, o se queda solo con la copla gimnasta del policía ese que da pena como progenitor pero ¡no veas que fuerte es!? Alguien debería parar esta estupidez de las películas para niños 'made in Hollywood', que solo piensan en llamar la atención promocional de los padres, que son quienes van a pagar la entrada (en Barcelona, ojo al dato, 9 euros por persona con la excusa de las 3-D) y, sobre todo, en ir preparando a los críos para que dentro de poco se traguen las paridas para salvar el mundo de Bruce Willis o cualquier absurda película de desastres, pues esto no deja de ser una cándida parodia de todo eso. ¡Qué bueno es Hayao Miyazaki, ya sea con Heidi o con Ponyo!
Josefa Hernández
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