disco
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Viernes, 11/01/2008
The Shepherd’s Dog
Iron And Wine
2007, Sub Pop / ¡Pop Stock!
Se ha dejado por el camino parte de su inmediatez melódica, de la misma manera que uno pierde cierta inocencia cuando los años van pasando su factura; en la vida parece que algunos pagos sean inevitables y éste igual lo era para el proyecto de Sam Beam, si de lo que se trataba era de adentrarse en un territorio nuevo fascinado por las atmósferas. Es una sensación que no te abandona en la primera escucha. Cuando vas por la quinta no es que desaparezca, pero ya no te importa. Porque pasa que Iron And Wine lo ha vuelto a hacer. ¿El qué? Un gran disco, de esos que se van creciendo. En vez de caer en la versión recalentada de sí mismo tras el éxito de su segundo álbum, todo lo que ha hecho desde entonces muestra la voluntad de evitarlo. Pero nunca tanto como aquí, con su sabiduría para adentrar en el presente el eco espectral del sur gótico de William Faulkner enfrentándose a un caleidoscopio roots que hasta acepta ritmos juju africanos y aromatización reggae. Además, se ha rodeado de una banda y una producción que se dejan notar. Maniobra arriesgada que ha resuelto con destreza y sin prostituir su personalidad. Su voz sigue siendo el eje, la del hombre en la cima de la montaña cantando pausadamente y contando historias de espiritualidad densa y veranos de la niñez, que nunca sabes si le da la razón al amor o al cinismo, porque hoy igual que ayer Sam Beam sugiere (mucho) más que concreta, como los maestros del impresionismo. Y él es uno de ellos.
Justo Matilla
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