disco

Martes, 20/03/2007

God Knows I Tried
Junior Kimbrough
1998, Fat Possum

God Knows I Tried

Lanzamiento póstumo, meses después de la muerte de Junior Kimbrough. Fue el hombre que (junto a R. L. Burnside, fallecido en 2005) abanderó durante los años 90 y con la ayuda del sello Fat Possum el resurgir del blues duro de las montañas del Mississippi. Esto no suena como lo que conoces por blues del Delta ni de Chicago. Esto es un trance hipnótico y sinuoso, de guitarras de riffs cortos que te martillean la cabeza y parecen fuera de control o a punto de estarlo. Por debajo, una sección rítmica básica de funk lento y denso, pegajosa, muy negra, en plan noche cerrada, le da consistencia a todo ese mantra. Si esta música fuera una habitación, sería una bien oscura, de las que meten miedo. Y si fuera sexo, sería sucio. Si fuera mujer, una de la que no fiarte. En el blues de Kimbrough se palpa la soledad de la región de Mississippi donde vivía, que se ha mantenido al margen de modismos y cuyo groove se diría vanguardista de tan primitivo y libre que suena. Una zona olvidada (para que te hagas una idea: Junior no grabó hasta 1992, cuando ya tenía 62 años de edad), cuyo folclore conserva un punto indómito. No es casualidad que esto te pueda evocar a James Brown, porque es en parte lo más africano de Estados Unidos y en el padre del funk África estaba muy presente, con aquella manera suya tan tribal de pronunciar y de bailar. Tampoco es casual que la guitarra de Kimbrough te haga pensar que sintonizaba un dial parecido a otras que has escuchado en discos de Sonic Youth. Componentes de esa banda, y de The Rolling Stones y de U2, viajaron a su casa-taberna de Holly Springs para escucharlo en directo. Salvo leves excepciones (alguna gira con Iggy Pop, otro de sus fans famosos), Junior casi no giró, por culpa de su débil corazón. Dejó de latir el 17 de enero de 1998. Adiós al, posiblemente, más importante guitarrista de blues del último cuarto del siglo XX. Un hecho al que no parecía dar mucha importancia: murió en un pequeño apartamento donde no había nada colgado en las paredes que hiciera pensar al visitante que allí vivió un músico. Dejó un vasto legado (a nivel musical, por ejemplo, no sólo redefinió el blues de manera personal, sino que de joven hasta enseñó a tocar la guitarra al histórico del rockabilly Charlie Feathers; a nivel humano, aseguraba haber tenido 36 hijos). Este disco, con grabaciones fechadas entre 1992 y 1997, es mi favorito.

Josefa Hernández


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