disco
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Lunes, 05/03/2007
The Next Hundred Years
Ted Hawkins
1994, Geffen Records
Imagínate a un doble de Sam Cooke con la garganta agrietada por la vida y el salitre. Con una guitarra acústica y cantando en la calle a cambio de la voluntad, marcado para siempre por la pobreza y los castigos que conoció de niño y adolescente en Mississippi (tres años entre rejas por robar una chaqueta) y engañado después por los hombres de negocios en California. Pero, a pesar de todos esos golpes, cantando sin amargura. Así era Ted Hawkins. Una voz de las que hace saltar lágrimas. Sólo hubo dos momentos cercanos a la fortuna en su carrera. Uno, en los años 80, se truncó porque mientras “Rolling Stone” le ponía cinco estrellas él se pudría en la cárcel. El otro fue éste. Deslumbrados por sus actuaciones en un bulevar de Venice Beach, varios músicos con conexiones en el show business (Tony Berg, Jim Keltner, Grez Leisz) decidieron intentar que dejara de ganarse la vida poniendo el sombrero. El resultado, espléndido. Es soul desnudo, con la banda aportando sólo sutil elegancia y signos de puntuación a las palabras, sin interferir en la crudeza dulce de Hawkins. Su rajo te llega impoluto y te sirve homilías de acordes mayores y con una guitarra en los huesos. Palpas su tortura emocional, las ganas con que buscaba su redención. Sin notas falsas. Todo suena a verdad. Cuando duele, duele. Si libera, libera. El grito que abre la versión del clásico country “There Stands The Glass” (popularizado por Webb Pierce en la década de los 50) es desgarrador, pura desesperación ante el enésimo naufragio en alcohol. Lo de siempre: aunque bebas, no olvidas. Otra versión, la estratosférica y prácticamente a capella “Long As I Can See The Light” de Creedence Clearwater Revival, remata el álbum a lo grande, con poso de despedida serena. Y así fue: Hawkins fallecía poco después, el 1 de enero de 1995, nueve meses después de la publicación de este disco.
Miguel Martínez
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